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La supuesta foto verdadera

Campanita se felicitaría de que estas niñas creyeran en las hadas, pero tal vez habría rechazado de sus métodos de “probarlo”.

Las Hadas de Cottingley son una serie de cinco fotografías tomadas por Elsie Wright y Frances Griffiths, dos jóvenes primas que vivían en Cottingley, cerca de Bradford (Inglaterra). Estas imágenes representaban a las dos realizando actividades con supuestas hadas. En 1917, cuando se tomaron las dos primeras fotos, Elsie contaba con 16 años y Frances, 10. En 1981 las dos mujeres admitieron haber falsificado todas las fotografías excepto una, pero insistieron en que realmente habían visto las hadas.


Elsie nació en 1901, hija de Arthur y Polly Wright. Elsie era una consumada artista extremadamente dotada que pintaba paisajes y retratos, principalmente con acuarela. Entró en la Escuela de Arte de Bradford a los 13 años y trabajó en un laboratorio fotográfico y en una fábrica de tarjetas de felicitación durante la Primera Guerra Mundial. En el laboratorio, su trabajo consistía en crear fotos compuestas de soldados caídos en batalla con las fotografías de sus seres queridos, y durante ese tiempo tuvo la oportunidad de trabajar con placas fotográficas.
Frances Mary Griffith nació en Sudáfrica el 4 de septiembre de 1907, hija del sargento mayor Arthur Griffith y de Annie Griffith.

Elsie Tomó la cámara de su padre (una cámara Butcher Midg No. 1 Magazine Type Falling Plate 1/4) e hizo fotos en el arroyo que corría detrás de la casa familiar. Al revelar las placas el señor Wright vio hadas en las fotografías y las consideró falsas. Cuando vio la segunda fotografía, prohibió a Elsie usar la cámara de nuevo. En cambio, su madre estaba convencida de su autenticidad.

En 1918, una semana antes del fin de la Primera Guerra Mundial, Frances mandó una carta a Johanna Parvin, una amiga de Cape Town, Sudáfrica, donde había vivido la mayor parte de su vida. La carta tiene fecha del 9 de noviembre de 1918:

“Querida Joe, espero que estés bien. Escribí una carta anteriormente, pero la perdí o se me extravió. ¿Juegas con Elsie y Nora Biddles? Ahora estoy aprendiendo francés, geometría, cocina y álgebra en la escuela. Papá volvió de Francia la semana pasada después de estar allí diez meses, y todos pensamos que la guerra se acabará en unos pocos días. Vamos a colgar nuestras banderas en nuestra habitación. Te envío dos fotos, ambas mias, una en la que estoy en bañador en el arroyo de nuestro patio trasero, que tomó el Tío Arthur, mientras que la otra soy yo con varias hadas en el arroyo, que tomó Elsie. Rosebud está tan gorda como siempre y le he hecho alguna ropa nueva. ¿Cómo están Teddy y Dolly? Elsie y yo somos muy amigas de las hadas del arroyo. En el reverso de la fotografía, Frances escribió: Es curioso que nunca las vi en África. Debe hacer demasiado calor allí para ellas.”

Las fotos pronto se hicieron públicas. Una de las personas que se dejaron engañar por las fotos fue Sir Arthur Conan Doyle, el autor de la serie de novelas de Sherlock Holmes. Pero no todo el mundo se dejó convencer fácilmente. Con el fin de demostrar que los avistamientos de las hadas eran reales, fue llevado el clarividente Geoffrey Hodson a Cottingley. La idea era que si alguien sería capaz de ver hadas, sin duda, era por supuesto un clarividente. Seguramente ansioso de probar su espiritualidad, el vidente dijo que sí, que absolutamente vio a las hadas, aunque no fue capaz de obtener más fotos.

Los comentarios en los periódicos eran variados. El 5 de enero de 1921, el peródico Truth declaró:
“Para la verdadera explicación de esas fotografías de hadas lo que se precisa no es el conocimiento en fenómenos ocultos sino el conocimento en niños.”

Por otra parte, el South Wales Argus tomó una postura más tolerante el 27 de noviembre de 1920:
“El día que matemos nuestro Santa Claus con nuestras estadísticas habremos hundido un mundo glorioso en la oscuridad más profunda.”

City News, el 29 de junio, declaró:
“Llegados a este punto parece que debemos creer o en el casi increíble misterio de las hadas o en las casi increíbles maravillas de la fotografía trucada.”

El asunto seguía sin resolverse hasta 1981, en una entrevista realizada por Joe Cooper para la revista The Unexplained, las primas declararon que las fotografías eran falsas; habían sujetado recortes con alfileres de sombrero y dijo que se dio cuenta de que la broma había ido demasiado lejos cuando fue engañado Arthur Conan Doyle. Se avergonzaban de salir a la calle después de esto y decidieron mantener el ardid. Frances, sin embargo, siguió manteniendo hasta su muerte en julio de 1986 que habían visto hadas y que la quinta fotografía (la que se muestra al principio del artículo), que mostraba a las hadas tomando el sol, era verdadera.

Mi opinión personal es, que ninguna de las niñas era responsable de crear tal mito. Es la ingenuidad y urgente necesidad de creer en lo que explique lo inexplicable y lleve un poco de consuelo y esperanza a la gente, lo que los lleva a creer en casi cualquier cosa. Esta situación es de la se aprovechan muchas gentes sin escrúpulos.

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