Posted at Saturday 17 de October del 2009. @ 12:59 am by Kain in superación
Una bella princesa estaba buscando consorte. Nobles y ricos pretendientes llegaban de todas partes con maravillosos regalos: joyas, tierras, ejércitos, tronos… Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo que no tenía más riquezas que el amor y la perseverancia. Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:
– Princesa, te he amado toda la vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Esa será mi dote.
La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar:
– Tendrás tu oportunidad: si pasas esa prueba, me desposarás.
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente permaneció afuera del palacio, soportando el sol, los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente súbdito siguió firme en su empeño sin desfallecer un momento.
De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, que con un noble gesto y una sonrisa aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas, se hicieron apuestas y algunos optimistas comenzaron a planear los festejos.
Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona salieron a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, pero cuando faltaba una hora para cunplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó y, sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar donde había permanecido cien días.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa:
– ¿Qué te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿por qué perdiste esa oportunidad? ¿por qué te retiraste?
Con profunda consternación y lágrimas mal disimuladas, el plebeyo contestó en voz baja:
– La princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. No merecía mi amor.
Cuando estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos como prueba de afecto o lealtad, incluso a riesgo de perder nuestra dignidad, merecemos al menos una palabra de comprensión o estímulo. Las personas tienen que hacerse merecedoras del amor que se les ofrece.
Extraido del libro “La culpa es de la vaca”
Posted at Friday 9 de October del 2009. @ 2:22 am by Kain in animales, educación, relaciones Humanas
Dos pájaros estaban posados sobre una rama durante una nevada, y se pusieron a conversar:
- Dime, ¿cuánto pesa un copo de nieve? -le preguntó el pájaro carbonero a la paloma salvaje.
- Casi nada -fue la respuesta.
- En tal caso, antes de irme déjame contarte una maravillosa historia -replicó el carbonero-. Al empezar este invierno me posé sobre la rama de un abeto. No era un duro invierno, y no como no tenía otra cosa que hacer, me puse a contar los copos de nieve que si iban asentando en las ramitas y en las hojas de mi tallo. Su número exacto fue 3′741,952. Cuando el último copo de nieve se depositó sobre la rama, sin que nada pasara, esta se partió -dijo el pájaro, y se alejó volando.
La paloma estuvo un rato reflexionando sobre esa historia y al fin se dijo:
- Quizá sólo haga falta la voz de una persona más para que la paz llegue al mundo.
Esta narración de Joseph Jarowski nos sirve para reflexionar sobre el hecho de que el dirigente se compone de una suma de valores y conductas que se acumulan e integran en un todo denominado liderazgo hacia el servicio.
El relato es también conveniente para señalar que todos podemos, de una manera u otra, construir poco a poco y simultáneamente un liderazgo hacia la paz. Todos los copos suman: los proyectos sociales, los foros sobre la convivencia, el “ya no más”, las diversas acciones tendientes a promover la tolerancia y el desarme de los espíritus, los talleres de solidaridad, las acciones cívicas, las ONGs en lucha por los derechos humanos…
Bajo esta nueva perspectiva, sincronizar los anhelos con los medios y las acciones para la paz es crear una sinergia de innegable impacto en la vida del país.
* Joseph Jarowski, Sincronicidad. El camino interior hacia el liderazgo. Barcelona, Paidós-Plural, 1999.
Extraido del libro “La culpa es de la vaca”.
Posted at Wednesday 23 de September del 2009. @ 11:50 pm by Kain in educación, relaciones Humanas, religión, superación
Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio zen. Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo. El gran maestro reunió a todos sus discípulos para escoger a quien tendría ese honor. “Voy a presentarles un problema -dijo-. Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo”. Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre este un enorme y hermoso florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló: “Este es el problema”.
Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados. Después de algunos minutos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el vaso con determinación y lo tiró al suelo.
“Usted es el nuevo guardián -le dijo el gran maestro, y explicó-: Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema. No importa qué tan bellos y fascinantes sean, los problemas tienen que ser resueltos. Puede tratarse de un vaso de porcelana muy raro, un bello amor que ya no tiene sentido, un camino que debemos abandonar pero que insistimos en recorrer porque nos trae comodidades. Sólo existe una forma de lidiar con los problemas: atacarlos de frente. En esos momentos no podemos tener piedad, ni dejarnos tentar por el lado fascinante que cualquier conflicto lleva consigo”.
Los problemas tienen un raro efecto sobre la mayoría de nosotros: nos gusta contemplarlos, analizarlos, darles vuelta, comentarlos… Sucede con frecuencia que comparamos nuestros problemas con los de los demás y decimos: “Su problema no es nada… ¡espere a que le cuente el mío!”
Se ha dado en llamar “parálisis por análisis” a este proceso de contemplación e inacción. ¿Y la la solución?
Extraido del libro “La culpa es de la vaca”
Posted at Friday 18 de September del 2009. @ 10:52 pm by Kain in educación, relaciones Humanas, superación
Un grupo de ranas viajaba por el bosque, cuando de repente dos de ellas cayeron en un pozo profundo. Las demás se reunieron alrededor del agujero y, cuando vieron lo hondo que era, le dijeron a las caídas que, para efectos prácticos, debían darse por muertas. Sin embargo, ellas seguían tratando de salir del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras les decían que esos esfuerzos serían inútiles.
Finalmente, una de las ranas atendió a lo que las demás decían, se dio por vencida y murió. La otra continuó saltando con tanto esfuerzo como le era posible. La multitud le gritaba que era inútil pero la rana seguía saltando, cada vez con más fuerza, hasta que finalmente salió del hoyo. Las otras le preguntaron: “¿No escuchabas lo que te decíamos?” La ranita les explicó que era sorda, y creía que las demás la estaban animando desde el borde a esforzarse más y más para salir del hueco.
La palabra tiene poder de vida y de muerte. Una voz de aliento a alguien que se siente desanimado puede ayudarle a terminar el día, mientras que una palabra negativa puede acabar por destruirlo. Cualquiera puede decir palabras que roben a los demás el espíritu que les permite seguir la lucha en medio de tiempos difíciles. Tengamos cuidado con lo que decimos, pero sobre todo con lo que escuchamos.
¿Y tú a que grupo perteces, a los que se dan por vencidos, o a los luchan por salir adelante?
Extraido del libro “La culpa es de la vaca”
Posted at Wednesday 2 de September del 2009. @ 9:41 pm by Kain in animales, educación, relaciones Humanas
Un campesino que enfrentaba muchas dificultades poseía algunos caballos que lo ayudaban en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día, su capataz le trajo la noticia de que uno de los mejores caballos había caído en un viejo pozo abandonado. Era muy profundo, y resultaría extremadamente difícil sacarlo de allí.
El campesino fue rápidamente al lugar del accidente y evaluó la situación, dándose cuenta de que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el costo del rescate, concluyó que no valía la pena, y pidió al capataz que sacrificara al caballo tirando tierra al pozo hasta enterrarlo. Y así se hizo.
A medida que la tierra le caía encima, el animal la sacudía. Esta se acumuló poco a poco en el fondo del pozo, permitiéndole subir. Los hombres se dieron cuenta de que el caballo no se dejaba enterrar sino que, al contrario, estaba subiendo, hasta que finalmente consiguió salir del socavón.
Si está “allá abajo”, sintiéndose poco valorado, y si los otros le lanzan la tierra de la incomprensión, del egoísmo o de la falta de apoyo, recuerde al caballo de esta historia. No acepte la tierra que tiraron sobre usted, sacúdala y suba sobre ella. Cuanta más tierra le lancen, más podrá subir.
Extraído del libro “La culpa es de la vaca”
Posted at Wednesday 19 de August del 2009. @ 4:59 am by Kain in educación, relaciones Humanas, superación
Esta es una reflexión que nos puede ser de mucha utilidad. Sé que no es fácil ponerla en práctica pero, lo que vale realmente la pena, no es fácil. Te invito a leerla y mejorar tus relaciones.
Hace algunos años laboraba en una empresa y tenía una jefa, con la que me llevaba como perros y gatos. Creo que los gatos y perros eran más civilizados que nosotros. Diario era un infierno.
Pero un día decidí cambiar. Decidí que quería llevarme bien con ella y sembré la idea en mi corazón “voy a intentarlo, si no funciona, no pasa nada”.
Me sentí interiormente confortado, sereno. Y llegó el momento de la verdad. Llegué en la mañana. Ella ya estaba en su lugar. Me acerqué con la intención en mi corazón de llevarme bien con ella. La saludé. Para mi sorpresa, me recibió bien, con una sonrisa y me trató bien todo ese día.
La pregunta es ¿Fue coincidencia o yo provoqué ese cambio? Te puedo afirmar que he intentado con varias personas esto y del 100% de las personas con las que tengo problemas y siembro la idea en mi corazón, TODAS tienen cambios espectaculares hacia mí.
Descubrí, que yo mismo me predisponía mal hacia las personas. Es posible que yo tuviera razón en no llevarme bien con ellas. Pero, tuviera la razón o no, siempre que decidí llevarme bien con ellas, siempre lo logré.
Un tip importante, es que no fui con razonamientos, sino con sentimientos. Si hubiera actuado con mi mente, esta hubiera encontrado mil y un razones para decirme que sería imposible, que ellas eran las culpables y que nunca cambiarían.
Fui a ellas con mi corazón. Con mis sentimientos. Sinceramente deseaba llevarme bien con ellas y sembré la idea en mi corazón.
El corazón reconoce cuando le habla otro corazón y cuando hablas su idioma, traspasas las máscaras o bloqueos que tenga la otra persona y le llegan íntegras tus intenciones de llevarte bien con ella.
Muchos deseamos que los demás cambien. Y es posible que tengamos razón. Pero todos somos necios. El ego es más fuerte que el amor.
Y la única forma de traspasar esas defensas, es actuando con amor. Sabrás cuando lo estés haciendo, si te sientes cómodo interiormente.
Así que:
-No importa si no te llevas bien con tu pareja
-No importa que tu compañero de trabajo, busque siempre la forma de hacerte quedar mal con el jefe
-No importa que tus hijos parezcan rebeldes sin causa
-No importa que tus padres hagan ver a Atila el Huno como un pacifista
Siembra una sincera intención de llevarte bien con ellos en tu corazón. Y observa los resultados ¿Por qué no comienzas desde hoy?
Posted at Sunday 16 de August del 2009. @ 3:36 am by Kain in educación, relaciones Humanas, superación

“Hay tres grupos de personas: los que hacen
que las cosas pasen; los que miran las cosas
que pasan y los que se preguntan qué pasó.”
Nicholas Murray Butler
El momento es ahora, en este momento. Deja de esperar y empieza a hacer.
Cuando tengas la idea de hacer la diferencia, actúa en consecuencia. Vive tus sueños, poniendo tus ideas en acción rápidamente.
Cuando estás verdadera y plenamente comprometido con un resultado específico, lo logras. La adopción de medidas es lo que autentifica y asegura el compromiso.
Una vez que empiezas a tomar decisiones, has realizado una inversión. Mientras más tiempo, energía y enfoque inviertas, más motivado estarás a través de ello sin importar qué.
El impulso es esencial para cualquier logro. La adopción de medidas es la manera de crear ese impulso.
Tan pronto como decidas hacerlo, comienza a hacerlo. Da el primer paso ahora, y estarás bien en tu camino a cualquier destino que elijas.
Ralph Marston.
Posted at Thursday 13 de August del 2009. @ 1:03 am by Kain in educación, relaciones Humanas, superación

Aprendí que la mayoría de las cosas por las que me preocupo nunca suceden.
Aprendí que cada logro alguna vez fue considerado imposible.
Aprendí que nada del valor se obtiene sin esfuerzo.
Aprendí que la expectativa es con frecuencia mejor que el suceso en sí.
Aprendí que aún cuando tengo molestias, no necesito ser una molestia.
Aprendí que nunca hay que dormirse sin resolver una discusión pendiente.
Aprendí que no debemos mirar atrás, excepto para aprender.
Aprendí que cuando alguien aclara que se trata de principios y no de dinero, por lo general se trata de dinero.
Aprendí que hay que luchar por las cosas en las que creemos.
Aprendí que las personas son tan felices como deciden serlo.
Aprendí que la mejor y más rápida manera de apreciar a otras personas es tratar de hacer su trabajo.
Aprendí que los días pueden ser largos, pero la vida es corta.
Aprendí que si tu vida está libre de fracasos, es porque no has arriesgado lo suficiente.
Aprendí que es bueno estar satisfecho con lo que tenemos, pero nunca con lo que somos.
Aprendí que podemos ganar un centavo en forma deshonesta, pero más tarde este nos costará una fortuna.
Aprendí que debo ganar el dinero antes de gastarlo.
Aprendí que debemos apreciar a nuestros hijos por lo que son y no por lo que deseamos que sean.
Aprendí que el odio es como el ácido: destruye el recipiente que lo contiene.
Aprendí que planear una venganza sólo permite que las personas que
nos hirieron lo hagan por más tiempo.
Aprendí que las personas tienen tanta prisa por lograr una “buena vida” que con frecuencia la vida pasa a su lado y no la ven.
Aprendí a no dejar de mirar hacia el futuro; que todavía hay muchos buenos libros para leer, puestas de sol que ver, amigos que visitar, gente a quien amar y viejos perros con quienes pasear.
Aprendí que todavía tengo mucho que aprender.
* Contribución de Ida Bianchi y Vicente López, de Rotolatinos, Argentina.
Extraído del libro “La culpa es de la vaca”
Posted at Tuesday 24 de February del 2009. @ 1:04 am by Kain in educación, noticias, relaciones Humanas, superación
En cierta ocasión, durante mi segundo semestre en la escuela de enfermería, el profesor nos aplicó un examen sorpresa. Leí rápidamente todas las preguntas, hasta llegar a la última: “¿Cómo se llama la mujer que hace el aseo de la escuela?”
Seguramente era una broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Era alta, de cabello oscuro, unos cincuenta años, pero, ¿cómo iba a saber su nombre? Entregué el examen sin contestar la última pregunta.
Antes de que finalizara la clase, alguien se acercó al profesor y le preguntó si esa pregunta contaría para la calificación. “Definitivamente, contestó. Durante sus carreras conocerán a muchas personas. Todas ellas serán importantes. Ellas merecerán su atención y cuidado, aún si ustedes solo le se sonríen y dicen: ¡Hola!”
Nunca olvidé esta lección, y supe luego que su nombre era Dorothy. Todos somos importantes.
Este relato, nos ayuda a entender, y acercarnos a nuestro prójimo. Con frecuencia nos olvidamos de que todas las personas son importantes. El hecho de que algunos tengamos mayor o menor grado de estudios, color de piel, ingresos económicos, etc, no nos hace mejores ni peores personas. Lo que hace la diferencia, es la calidad humana. Saludar o estrechar la mano y llamar por su nombre a quien por azahares del destino se encuentra en desventaja ante nosotros, nos da un valor agregado a nuestra propia estima.
Sean felices.
Tomado del libro La culpa es de la vaca, compilado por Jaime Lopera Gutiérrez y Marta Inés Bernal Trujillo.








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