Posted at Friday 13 de February del 2009. @ 6:13 am by Kain in educación, hogar, relaciones Humanas
En esta ocasión les relataré una historia. No, no es para niños, mas bien es para todos nosotros. Esta historia nos deja una valiosa enseñanza si se sabe aprovechar.
Este era un enorme árbol de manzanas al cual un niño amaba mucho. Todos los días jugaba a su alrededor, trepaba hasta la copa, comía sus frutos y tomaba la siesta bajo su sombra. El árbol también lo quería mucho.
Pasó el tiempo, el niño creció y no volvió a jugar alrededor del árbol. Un día regresó y escuchó que este le decía con tristeza:
Pero el muchacho contestó:
_Ya no soy el niño de antes que juega alrededor de los árboles. Ahora quiero tener juguetes, y necesito dinero para comprarlos.
_Lo siento dijo el árbol_. No tengo dinero, pero te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas; así podrás comprar todos tus juguetes.
El muchacho tomó las manzanas, obtuvo el dinero y se sintió feliz. También el árbol fue feliz, pero el muchacho no volvió. Tiempo después, cuando regresó, el árbol le preguntó:
_¿Vienes a jugar conmigo?
_No tengo tiempo para jugar; debo trabajar para mi familia y necesito una casa para mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?
_Lo siento -repuso el árbol-. No tengo una casa, pero puedes cortar mis ramas y construir tu casa.
El hombre cortó todas las ramas del árbol, que se sintió feliz, y no volvió. Cierto día de cálido verano, regresó. El árbol estaba encantado.
_¿Vienes a jugar conmigo?- le preguntó.
_Me siento triste, estoy volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar, ¿puedes dármelo?
El árbol contestó:
_Usa mi tronco para construir uno; así podrás navegar y serás feliz.
El hombre cortó el tronco, construyó su bote y se fue a navegar por un largo tiempo. Regresó después de muchos años y el árbol le dijo:
_Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas.
El hombre replicó:
_No tengo dientes para morder ni fuerzas para escalar, ya estoy viejo.
Entonces el árbol, llorando, le dijo:
_Realmente no puedo darte nada. Lo único que me queda son mis raíces muertas.
Y el hombre contestó:
_No necesito mucho ahora, solo un lugar para reposar. Estoy cansado después de tantos años…
_Bueno -dijo el árbol-, las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa.
El hombre se sentó junto al árbol y este, alegre y risueño, dejó caer algunas lágrimas.
Esta es la historia sin fin de cada uno de nosotros. Como el árbol, nuestros padres nos prodigan amor en cada una de las etapas de nuestra vida. Nos cuidan, nos brindan su protección, y no dudan en darnos todo su apoyo, sin importar de lo que se trate, cuando estamos en problemas. Y acudimos a ellos entonces, cuando los necesitamos.
La historia de El árbol de manzanas, nos ofrece la oportunidad de recapacitar y detenernos a pensar, de que manera amamos a nuestros padres. Vayamos a verlos solo por el placer de acariciarlos, de escuchar sus consejos, sus historias sin importar que ya nos las hayan contado infinidad de veces. Disfruten a sus padres, ahora, en vida. Lo que hagamos por ellos la vida nos lo devolverá.
Sean felices.
Tomado del libro La culpa es de la vaca, compilado por Jaime Lopera Gutiérrez y Marta Inés Bernal Trujillo.




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